
La mayoría de personas los que aparecen en la foto tiene cada uno su historia. Participaron en todos los talleres que se dieron en Agosto. De izquierda a derecha de pie: Angel Castellanos de Guatemala, cuya expectativa es montar su propio negocio en Los Angeles, donde vive desde hace 20 años, Jhon Velásquez, que luego de capacitarse en todas las áreas en la ECC, abrirá su negocio en la calle 80 de Bogotá, Magner Rincón, biólogo que reside en Chile, pero que por la “nostalgia cafetera”, volvió a Colombia en plan de aprender todo sobre el café y regresar a Chile a vender café colombiano, Guillermo Hugo Nocetti, joven argentino cuyas experiencias de catador de otros “líquidos”, como el vino, aceite de oliva, cerveza, no podía dejar de aprender sobre la cata de cafés y se animó a tomar todos los otros cursos y entrenar para volver a su tierra, Fabian Marín instructor de baristas, Felipe Andrés Herrera, que sueña con estudiar artes plásticas y ahora con convertirse en artista del Arte Latte, Fredy Bernal que ya tiene su propia barra de café en el sector comercial de San Andresito de Bogotá y por último Don Felipe Copete, que luego de administrar negocios ajenos, quiere administrar su propia cadena de negocios. Inclinados abajo: Jairo (monitor de la ECC), que además trabaja en la pastelería Bagatell de Bogotá, como barista, Lina Marcela Blanco, que ya perdió “los nervios” de viajar a Australia a estudiar inglés y trabajar como barista, Alejandro Torres, que viajó desde Puerto Ordáz a mejorar sus conocimientos y manejo de su pastelería y restaurante en esta ciudad venezolana y Julio Villaneda que transmitió toda su experiencia y conocimiento sobre el arte latte y el barismo, con todos los asistentes. Una historia larga de contar en este parrafo, pero corta si relatáramos el futuro de todos ellos.
Gran afluencia de nuevos alumnos tuvo la Escuela Colombiana del Café en Agosto. Día a día surgen más personas que se motivan a montar su propio negocio, pero con más claridad, con un enfoque más moderno, resultado de la gran difusión que se está dando a los cafés especiales en el mundo, las competiciones que se dan en los campos de los catadores, los baristas, los tostadores. Ahora solo falta diseñar competencias entre los consumidores, para que efectivamente se eleve el consumo. Solo los consumidores podrán incrementar el consumo y a los productores que no mejoren la calidad, esta nueva ola del café, con toda seguridad “los ahogara”.
Algunos imágenes que captamos y compartimos con nuestros visitantes, alumnos y amigos del café:

Unos miran, otros tocan, y
algunos graban…todo vale.
Fabían Marin indica los pasos que se precisan para el logro de un buen espresso, que será la base de todas las bebidas de la tiendas.

Elvira Omayra Pineda, que viajó desde Panamá con su hija y esposo a capacitarse en la Escuela, ya maneja con seguridad la espumación de la leche y se siente más segura en el momento de abrir su propio negocio en la Provincia de Chiriquí, adonde viajará un instructor de la Escuela, para acompañarla en la apertura y capacitación del personal.

En un comienzo todos miran al instructor, con inquietud y dudas de llegar a manejar la máquina y preparar con la misma solvencia todas las bebidas, pero en el transcurso de la capacitación, se va perdiendo el miedo.

Para todos fue una gran experiencia, la clase que dirige Ismael Vanegas, sobre las formas de preparación en goteo, que les da una cultura más amplia, sobre las técnicas, cafeteras, dispositivos, insumos y tips, tanto del café como de la espumación de la leche. Alejandro Torres aparece en el centro espumando la leche en una prensa francesa, fascinado de la calidad de la crema y pensando llegar a Venezuela a prepararle un capuccino a sus padres, sin hacer uso de la máquina del negocio que tienen en Puerto Ordaz.

Magner Rincón, cuya profesión de biólogo lo llevo hasta Chile, se enamoró de los modernos negocios que se han montado en este país, pero siempre tenia la idea de desarrollar uno propio, pero con café colombiano. Ahora volverá pero más seguro y proyectando importar café de Colombia, conviertiéndose en un vendedor, que conquista a su clientela con las bebidas, que el mismo prepara.

El diseño, el concepto de negocio, la identidad corporativa, la huella digital, que debe imprimirse a cada negocio, es parte de la teoría que se imparte en el curso sobre Montaje de negocios, que gracias a la intervención de los asistentes le otorga una dinámica nada rígida ni convencional.

El diseñador industrial Juan Castañeda, recién incorporado al equipo de la Escuela, explica la conveniencia de la ambientación, decoración y diseño en su charla de Concepto y Visión para la moderna tienda. La experiencia de Juan en montaje de negocios de toda índole.

El taller de reconocimiento de la calidad, donde se trabaja en el laboratorio de la Escuela y que va desde el reconocimiento de los defectos, humedad, tipos de grano, incidencia en la taza, tipos de tostión para el espresso, para el goteo, para el hogar, etc., hacen de este módulo un aspecto atener siempre en consideración a la hora de comprar o seleccionar proveedor.

Y como no darle participación a la olleta, si nuestros primeros pasos estuvieron acompañados esta preparación. El taller de bebidas de goteo que realiza Ismael Vanegas, cada vez incorpora una nueva cafetera, que aparte de enriquecer la colección de la escuela, enriquece el conocimiento de los alumnos y con toda seguridad, el que no llega a montar un nuevo negocio, ofrecerá en su hogar, oficina o lugar de trabajo una bebida “bien preparada”.


Y no podía faltar la evaluación y en esto si que fueron juiciosos todos los alumnos. Aunque no se “rajo” ninguno, porque uno de los lemas de la Escuela es “reprobar” y probar y probar diariamente.


Les quiero dar las gracias a todos los profesores del curso de barismo. El curso fue excelente, aprendi mucho y me fui con ganas de aprender mas sobre el mundo de café.
Esa es la misión de la Escuela generar pasión y “ganas” entre sus alumnos.
Gracias por su participación en el pasado curso y recuerde que siempre estaremos atentos a su evolución y profesionalismo.
Un abrazo,
Parmenio